Cómo enseñar a los niños a resolver problemas: 5 hábitos
Pequeños gestos diarios para enseñar a los niños a resolver problemas y a pensar por sí mismos, un reto de 10 minutos y qué cambia de los 8 a los 14 años.
Los niños aprenden a resolver problemas resolviendo problemas reales, con un adulto cerca que pregunta más de lo que explica. No hacen falta fichas. Cinco pequeños hábitos hacen casi todo el trabajo: responder a una pregunta con otra pregunta, dejar que tu hijo se quede atascado un rato, dividir los problemas en pasos en voz alta, elogiar la estrategia más que el resultado y hablar de tus propios errores. Cada uno lleva unos segundos, y con los meses su efecto se va sumando.
Por qué resolver problemas es un hábito y no una asignatura
Los investigadores del Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard describen las funciones ejecutivas como el control de tráfico aéreo del cerebro: las habilidades que nos ayudan a planificar, centrar la atención, cambiar el chip y hacer malabares con varias tareas. Nadie nace con estas habilidades, pero todo el mundo nace con la capacidad de desarrollarlas, gracias a las interacciones del día a día y a la práctica.
La política educativa europea dice algo parecido. LifeComp, el marco de la Comisión Europea para las competencias personales, sociales y de aprender a aprender, describe nueve competencias que cualquiera puede adquirir. Tres de ellas son el núcleo de la resolución de problemas: la mentalidad de crecimiento, el pensamiento crítico y la gestión del propio aprendizaje, es decir, planificar, hacer un seguimiento y revisar la forma en que uno aprende.
Así que la capacidad de resolver problemas crece con la práctica, y la vida en familia está llena de ocasiones para practicar.
Los cinco hábitos
1. Responde a una pregunta con otra pregunta
Cuando tu hijo te pregunte cómo se hace algo, prueba con «¿Tú qué crees?» o «¿Qué has probado hasta ahora?» antes de darle la respuesta. Los investigadores de Harvard señalan que los niños están más motivados cuando pueden opinar sobre lo que hacen y tienen cierto margen para decidir cómo hacer una tarea. Una pregunta les da esa posibilidad de elegir.
2. Deja que se quede atascado un rato
Cuando uno está atascado es cuando de verdad piensa. Según los mismos investigadores de Harvard, los niños pierden la motivación cuando una tarea es demasiado fácil, pero también cuando es tan difícil que el éxito parece imposible. Tu papel es mantener el reto en un punto intermedio. Espera antes de ayudar y luego dale la pista más pequeña que le permita volver a avanzar, no la solución.
Una regla sencilla para casa: cuando tu hijo se atasque, acordad que lo intentará diez minutos más antes de pedir ayuda. Puede que descubras que no la necesita.
3. Divide el problema en pasos, en voz alta
Los problemas grandes parecen imposibles; los pasos pequeños parecen asumibles. Enséñale un ciclo sencillo y usa siempre las mismas palabras:
- Dilo. ¿Cuál es exactamente el problema, en una frase?
- Planéalo. ¿Qué dos o tres maneras hay de resolverlo? ¿Cuál pruebas primero?
- Pruébalo. Paso a paso.
- Compruébalo. ¿Ha funcionado? ¿Qué cambiarías?
Decir los pasos en voz alta ayuda. La guía de actividades de Harvard para adolescentes recomienda hablarse a uno mismo, por ejemplo irse diciendo los pasos de una actividad difícil, para ser consciente de lo que se piensa y se hace.
4. Elogia la estrategia, no solo el resultado
«Qué listo eres» suena cariñoso, pero elogia algo que tu hijo no puede controlar. El Center on the Developing Child de Harvard explica que elogiar a los niños por su inteligencia, su habilidad o sus notas puede llevarlos a centrarse en rendir más que en aprender, de modo que evitan los retos en los que podrían no salir bien parados. Elogiar el esfuerzo, y ayudarles a ver los tropiezos como una ocasión para aprender y mejorar, hace que estén más motivados y que confíen más en que pueden conseguir lo que se proponen.
Prueba con frases como estas: has probado tres maneras antes de dar con la que funcionaba; dividirlo en partes ha sido muy buena idea; ¿qué vas a probar la próxima vez?
5. Habla de tus propios errores
Los errores dan menos miedo cuando los adultos de su entorno reconocen los suyos. Cuenta en la cena algún error tuyo, qué probaste después y qué aprendiste, y luego pregúntale por uno suyo. Que sea un juego, no una confesión. LifeComp incluye en la mentalidad de crecimiento reflexionar tanto sobre las experiencias que salen bien como sobre las que salen mal, y al compartir las tuyas le muestras cómo suena esa reflexión.
Cómo cambia con la edad
De 8 a 10 años
Que los problemas sean concretos y se puedan terminar: construir, arreglar, ordenar, organizar un pícnic. Los juegos son una práctica excelente. La guía de actividades de Harvard para niños de 7 a 12 años recomienda juegos de cartas y de mesa con estrategia, porque obligan a los niños a tener presentes las jugadas, planificar con antelación y ajustar sus planes, y sugiere ir aumentando la complejidad a medida que crecen. También sirven los crucigramas, los sudokus y los rompecabezas espaciales, igual que el deporte, la música y el baile.
Deja que tu hijo elija el problema de vez en cuando. Un objetivo que le importe le hace perseverar más que uno que le pongas tú.
De 11 a 14 años
Confíale proyectos más grandes, con algo real en juego: planificar una salida en familia con un presupuesto, organizar un cumpleaños, ahorrar para algo que quiera. La guía de Harvard para adolescentes sugiere ayudarles a elegir un objetivo concreto que les importe, planificar los pasos, prever qué podría salir mal y comprobar sus avances por el camino, con preguntas como: ¿esto forma parte del plan?, ¿ha cambiado algo?
La misma guía propone practicar a ver las cosas desde otros puntos de vista, por ejemplo preguntándose si podría haber otra explicación para lo que ha hecho un amigo. También recomienda reducir la multitarea, que agota la atención. Mantén unas expectativas realistas: la guía señala que las funciones ejecutivas de los adolescentes todavía no están al nivel de las de un adulto, aunque lo que se les exige a menudo sí lo esté.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Rescatarlo demasiado rápido. Resolvérselo ahorra tiempo hoy y le cuesta una habilidad mañana.
- Premiarlo todo. Los investigadores de Harvard advierten de que, cuando de repente se premia a los niños por algo que ya les gusta hacer, pueden empezar a hacerlo solo por el premio. La curiosidad y un objetivo alcanzable son mejor combustible.
- Elogiar solo los resultados. Las notas y las victorias importan, pero lo que sirve para el siguiente problema es la estrategia.
- Hacerle los deberes. Siéntate cerca, hazle preguntas y deja que el lápiz siga en su mano.
Por dónde seguir
Elige un hábito esta semana, seguramente «¿Tú qué crees?», y úsalo hasta que te salga solo. Después añade el siguiente.
Si a tu hijo le gustan los rompecabezas y arreglar cosas, el curso de Brotelo sobre cómo pensar para resolver problemas trabaja estas mismas estrategias, desde dividir los problemas en pasos y hacer mejores preguntas hasta probar, comprobar y mantener la calma al atascarse, en una breve presentación ilustrada con un cuestionario al final.
Escribimos esta guía con ayuda de herramientas de inteligencia artificial. Los datos que recoge proceden de las fuentes que aparecen abajo.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Center on the Developing Child, Harvard University: A Guide to Executive Functiondevelopingchild.harvard.edu
- Center on the Developing Child, Harvard University: How to Motivate Children, Science-Based Approaches for Parents, Caregivers, and Teachersdevelopingchild.harvard.edu
- Center on the Developing Child, Harvard University: Executive Function Activities for 7- to 12-year-oldsdevelopingchild.harvard.edu
- Center on the Developing Child, Harvard University: Executive Function Activities for Adolescentsdevelopingchild.harvard.edu
- European Commission, Joint Research Centre: LifeComp, the European Framework for Personal, Social and Learning to Learn Key Competencepublications.jrc.ec.europa.eu